La crisis económica hace atractivas a las «islas de la prosperidad» pese al riesgo del viaje

Leonardo José Mora Medina, Amneris Carolina Ollarves Campo, Juan José Hurtado Colina y su hijo tienen varias cosas en común: los cuatro nacieron en el estado Falcón y su calidad de vida estaba duramente afectada por la emergencia humanitaria compleja de Venezuela; todos veían al cercano Caribe Neerlandés como un escape hacia las «islas de la prosperidad» para ellos y sus familiares. Y ahora comparten también un horror: desaparecieron entre 2019 y 2023, cuando intentaron ingresar a las islas de Aruba y Curazao en viajes marítimos irregulares que salieron desde distintos puntos del estado Falcón.

De noche, como tantos otros falconianos, Juan y su hijo veían las luces de Aruba desde las orillas de distintos puntos de la península de Paraguaná. Los lazos históricos y de intercambio humano entre Venezuela y las islas del Caribe Neerlandés se han convertido, en los últimos diez años, en un sinónimo de esperanza y de prosperidad. Aruba, Bonaire y Curazao (ABC) eran la luz al final del túnel.

Elisa Vargas ha vivido un doble duelo, primero perdió a su esposo y tres años después a su hijo varón.

Un reporte elaborado por la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V), indica que en Aruba y Curazao residen 17 mil y 14 mil migrantes de origen venezolano, lo que representa entre 15% y 7% de la población de esas islas, respectivamente.

Aruba, Curazao y Bonaire (islas que forman parte del Reino de los Países Bajos) se han convertido en un destino soñado para muchos falconianos, pues en estas llamadas en Falcón «islas de la prosperidad» la inflación es mínima y la oferta de empleo y salarios es muy superior a la de Venezuela.

Desde las aguas de Falcón se pueden ver las islas de la prosperidad.

Aunque sin ostentaciones, la calidad de vida en las islas es más estable que en Venezuela, azotada por una crisis eléctrica desde 2010, y con graves deficiencias en cuanto al acceso a la alimentación, salud y los servicios públicos. 

Los pueblos de Paraguaná atraviesan una grave crisis de servicios públicos; el agua llega escasamente una vez al mes, pueden estar días sin luz por alguna falla y la conectividad es inestable en varios sectores.

Las «islas de la prosperidad» cerradas por decreto

Quienes logran llegar a las islas envían dinero a sus familias en Venezuela para atender sus necesidades básicas y para desarrollar sus metas, como tener una casa propia, montar un pequeño negocio o comprar un vehículo.

En febrero de 2019, el gobierno de Nicolás Maduro ordenó el cierre indefinido de las fronteras aéreas y marítimas de Venezuela con las islas ABC. 

El cierre de frontera dejó a los marinos sin ingresos y sus embarcaciones fueron cayendo poco a poco.

La crisis política venezolana experimentaba un nuevo pico. El Reino de los Países Bajos no reconocía la legitimidad de Maduro y convirtió a Curazao en un «centro de acopio» de la ayuda humanitaria que la oposición, liderada en ese momento por Juan Guaidó, trató de hacer ingresar a territorio venezolano.

Una reapertura incompleta

El cierre de las fronteras se extendió hasta 2023 y aunque Maduro ordenó abrir nuevamente y activar el comercio internacional del mercado flotante que históricamente ha llevado frutas, hortalizas, pescado y material de construcción al Caribe Neerlandés, las autoridades de las islas no han tenido la misma actitud. 

Para que los venezolanos puedan entrar a las islas deben tener visa. Por su parte, Aruba sólo abrió la frontera marítima para el intercambio comercial, manteniendo la suspensión de la vía aérea. 

Muchas embarcaciones esperan por estar operativas para sumarse al intercambio comercial.

Mientras la crisis se agravaba en Venezuela, con las fronteras cerradas y custodiadas, aumentaron los viajes clandestinos de migrantes que buscaban ingresar a las islas, dejando secuelas propias de la crisis y la migración.

Muchas embarcaciones esperan por estar operativas para sumarse al intercambio comercial.

Seducidos por esas cercanía con las islas, Leonardo, Amneris, Juan José y su hijo eligieron tomar lanchas que hacen zarpes que no cumplen con estándares mínimos de seguridad. Hasta el sol de hoy, sus familiares no saben de su paradero.

Cierre de fronteras -y de oportunidades

Aunque el estado Falcón tiene un intercambio comercial histórico con Aruba y Curazao (80% de la economía de La Vela dependía de ese comercio) tras el cierre de la frontera, en 2019, muchos marinos se fueron del país, mientras otros se dedicaron a la pesca o a la buhonería, según Eli Quiñones, presidente de la Fundación “Barquitos de Venezuela”, que funciona en La Vela.

A más de un año de la reapertura de la frontera comercial, Quiñones afirma que la situación está “regular”, ya que no tienen para costear los equipos que se requieren para el intercambio comercial. 

Durante el cierre de frontera los marinos migraron o practicaron otros oficios.

«Para mí como marino la cosa no está buena, yo vivo de mi sueldo como jubilado y la remesa de mis hijos, que son los que me ayudan. Pero, ¿mis otros compañeros que viven nada más como marinos? Aquí hay muchos que andan de buhoneros o están en la orilla de la playa buscando un pescadito, medio rebuscándose».

Apenas 25 empleos

La crisis humanitaria compleja de Venezuela -caracterizada por la hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, pulverización de la moneda local y crisis de los servicios públicos- llevó a que el número de zarpes irregulares se incrementase en los últimos diez años.

A un mes de cumplirse dos años de la reapertura de la frontera marítima entre Venezuela y Curazao, el comercio flotante tiene 11 embarcaciones que están fondeadas en La Vela: tres para salir semanalmente y el resto para servicios de carga, lo que genera en cada zarpe unos 25 empleos entre directos e indirectos, según datos de la Cámara de Comercio y Turismo de La Vela.

Los marinos esperan que el comercio marítimo siga mejorando para que pueda darle bienestar a La Vela de Coro.

La Secretaría de Economía Productiva y Exportación del estado Falcón informo en febrero de 2025 que ha registrado un incremento en las exportaciones a las islas ABC, alcanzando 8.744 toneladas de productos desde los tres puertos de la región entre enero de 2024 y enero de 2025. 

Víctimas de “un viaje de infierno” 

Leonardo, de 49 años, residía en el municipio Colina del estado Falcón. Sus días transcurrían plácidamente entre su trabajo como docente de Educación Física en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (Unefm) y arbitrar y jugar partidos de fútbol en distintas canchas. 

Pero en 2019, cuando se vio compartiendo un solo plato de comida al día con su esposa y sus tres hijos, decidió pedir dinero prestado e “invertirlo” en un viaje irregular hacia Curazao en junio de ese año.

Yuglenis Macho, esposa de Leonardo, relató que, para él, la desesperación por el hambre que sufrían sus hijos, porque los ingresos de la pareja no alcanzaban, fue más fuerte que el miedo a enfrentar esa travesía.

Leonardo no quería irse de Venezuela, y en 2018 buscó varias maneras de producir más dinero para llevar a su hogar.

Ese año, apenas terminaba su horario laboral en la universidad, “vestía” su automóvil de taxi y salía a prestar servicio de manera independiente, pero este intento por ganarle a la crisis del país duró poco, pues lo que generaba con el carro no le permitía pagar el mantenimiento del vehículo ni darle comida a sus hijos tres veces al día.

«Muchas veces nuestros hijos se iban a dormir sin comer y creo que eso fue lo que desató la desesperación de Leonardo. Él no era un hombre de mar, pero acostarse sin comer y ver a sus hijos sufrir lo obligó a irse al mar. Siento que eso fue el detonante, no soportó más esa situación, y cuando escuchó de estos viajes, le pareció una opción para responderle a sus hijos», relató Yuglenis, con lágrimas en los ojos.

Su esposa aún lo espera con la promesa que hizo al salir de casa.

Un éxodo con desacuerdo

Leonardo devengaba un salario de 2.758 bolívares, equivalente a 2,13 dólares al mes, monto que sólo le alcanzaba para comprar un kilo de harina precocida. 

Su esposa se enteró del viaje a las «islas de la prosperidad» porque uno de sus hijos se lo contó, tras escuchar a su  papá sin que este lo supiera. Dos meses después de ese día, y tras algunos silencios del hombre que no aportaba muchos datos sobre su viaje, se marchó.

“Yo no sabía muchos detalles del viaje porque no estaba de acuerdo, lo consideraba peligroso y no quería que él se expusiera de esa forma. Tampoco supe cuánto pagó por irse. Recuerdo que él buscó empeñar el carro que tenía para pagar el viaje, pero su compadre no se lo recibió y decidió prestarle 200 dólares, confiando en que al llegar a Curazao él trabajaría y le pagaría”.  

La esperanza de que llegue a casa sigue intacta.

Antes de partir, el hombre decidió dejarle el pasaporte a su esposa. Junto a otras 33 personas, Leonardo salió desde Punta de Agüide, municipio Acosta. El 7 de junio de 2019, a las 5 de la tarde, comenzó la travesía en la lancha “Sin Límite”, hacia la supuesta prosperidad.

A partir de ese momento, todo lo relacionado con el paradero de Leonardo es como las miles de metáforas literarias sobre el mar: misterioso.  

El hambre de sus hijos fue el mayor impulso

En igual situación a la de los familiares de Leonardo están los de Amneris Carolina Ollarves Campo, quien tenía 40 años al momento de desaparecer, y dejó a cargo de su mamá a sus siete hijos antes de montarse en la embarcación «Sin Límite«. 

Amneris era muy alegre y trabajadora, cuentan sus familiares; en La Vela, municipio Colina, era cocinera en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) “Carlina Luchón”, y además tenía un emprendimiento en el que vendía, entre otras cosas, masa de maíz, tortas, quesillo, pudines y carne. Ese negocio, en el que empleaba a su familia, quebró tras su desaparición.

Una madre siempre espera que su hija regrese.

Además de los embates de la crisis económica de Venezuela, el instinto natural de madre llevó a Amneris Carolina a tomar la decisión de salir de forma irregular para acompañar a su hija que reside en Curazao y que en 2019 dio a luz. 

Amneris Campos, madre de Amneris Carolina, contó que era la segunda oportunidad en que ella salía de Venezuela con destino a la isla. La primera vez fue por avión, pero al llegar la deportaron. 

“Intentó entrar por la vía legal y no la dejaron, la deportaron exactamente el mismo día en que se fue y, entonces, resolvió irse por la vía ilegal”, recuerda la madre.

Los esfuerzos que hizo para buscar un bienestar para su familia dejaron fue su desaparición.

Amneris Carolina supo del zarpe por el capitán de la lancha, conocido como alías «el Pechón», y los cuñados de ella fueron los que le hicieron los contactos para irse. La mujer aceptó con el compromiso de que ellos la iban a cuidar.

El dolor de una esposa y madre 

Otro zarpe terminó en tragedia el 17 de marzo de 2020.  Diecisiete personas, entre ellas  Juan José Hurtado Colina, salieron en una pequeña embarcación llamada «La Encontrada» desde Tiraya, en el municipio Falcón, para llegar a Aruba, pero solo el mar y el cielo, hasta ahora, saben su paradero exacto.  

Elisa de Vargas, esposa del hombre de 57 años, narra con dolor lo que ha vivido desde que Juan José zarpó, y con esperanza expresa que él está desaparecido y no fallecido. 

La familia de Elisa vive en El Hato, municipio Falcón.

Juan José era un «todero». Con cuatro hijos, este hombre se destacaba en múltiples oficios: mecánico, constructor, obrero y agricultor, con el objetivo de siempre tener ingresos para vivir dignamente.

Juan José quería trabajar para montar un negocio en su casa.

Al igual que Amneris Carolina, no era la primera vez que iba a Aruba, pues en noviembre de 2019, ingresó a la isla en avión y de forma regular, pero a los cuatro meses fue deportado por estar trabajando sin cumplir con los requisitos de ley de ese país. 

Apenas tenía cuatro días de aterrizar en su pueblo, cuando escuchó del viaje clandestino y decidió buscar información. El deseo por reunir dinero para tener su negocio propio era el principal motivo que lo hacía pensar en el regreso a Aruba, aunque fuera peligroso.

Emigrar para comprar un camión de agua

Paradójicamente, la falta de agua potable en su comunidad llevó a Juan José al mar. Él soñaba con un camión para vender agua en El Hato, lugar en el que vivía con su familia y al que desde hace 15 años no llega el servicio de forma regular por tuberías. Sin dinero para pagar a los organizadores del viaje, asumió el compromiso de que al empezar a trabajar pagaría los 400 dólares que costaba el traslado irregular hasta la isla.

“Él tenía en mente ese negocio. Me decía, ‘yo me voy a hacer esa plática para comprar el camión y montar una bodega, con eso me vengo y vivimos aquí’”, recordó Elisa de Vargas el momento en el que su esposo le confirmaba que se iba de Venezuela por mar.

En el municipio Falcón pasan mucho trabajo para tener agua potable. 

La mujer no estaba de acuerdo con su decisión. Sabía que en esos viajes había el peligro de morir o desaparecer, y, por eso, siempre cuestionó la determinación de su esposo.

“Le dije que decidiera él, porque si ya había comenzado la pandemia por la COVID-19 y la situación económica no estaba buena en la isla, para qué quería irse, que era mejor que se quedara en casa haciendo cualquier cosa”.

Actualmente en la comunidad crían chivos y ovejos. Los productores se están recuperando de la hambruna del 2016-2017 y de la pandemia por la covid

De la zozobra emocional a la real

El 17 de marzo en la noche era el zarpe. Lo mandaron a ir a Santa Rita, un pueblo cercano a su vivienda, para que se uniera al resto de los migrantes que se montarían en la lancha. Su hijo mayor lo llevó en una moto hasta ese pueblo. 

“Esa noche la pasé despierta, llamaba a mi hija para saber si su papá se había comunicado con ella, pero nada. Tampoco me llamó al salir, como lo habíamos hablado”.

Juan José es conocido como «Chiche»

Fueron más de 15 horas incomunicados por la falta de energía eléctrica y de conectividad que es recurrente en la península de Paraguaná.

Solo fue a la 1 de la tarde del 18 de marzo que Elisa pudo comunicarse con su hija y le confirmó que uno de los organizadores del viaje le había dicho que la lancha había zozobrado.  

Elisa no solo vive con la incertidumbre de lo que le pudo haber pasado a su esposo hace más de cuatro años, sino que desde hace nueve meses, su hijo mayor, el mismo que luchó para dar con el paradero de su padre, también desapareció en la lancha “La Rogui”.

Se trata de Juan José Hurtado Vargas, el hijo mayor de Elisa y Juan José. Para el momento tenía 33 años y una hija. También vivía en El Hato, pero en otra casa junto a su esposa.

Tragedia familiar

“Chiche”, como conocen al hijo de los Hurtado Vargas, desapareció el 9 de diciembre de 2023, junto a otros ocho hombres que, supuestamente, compraron una lancha para hacer el viaje sin depender de “marineros irregulares”.

Este hombre se fue sin el consentimiento de su madre y pocas personas conocían de su decisión. 

«Si yo hubiera sabido que mi hijo se iba, habría sido capaz de tirarles al gobierno (acusarlos con las autoridades) y que todos perdieran su plata, pero no iba a permitir que él se fuera. Tengo un dolor tan grande porque mi hijo estuvo en toda la búsqueda de mi esposo y ahora no sé de él tampoco».

La esposa de Juan tampoco abandona la búsqueda.

En la familia están convencidos de que Juan José no pudo haberse ido de forma irregular para buscar trabajo en la isla, porque él había sido uno de los que lideraba la búsqueda del grupo donde desapareció su padre y sabía lo que podía pasarle.

«Quizás a mi hijo le dieron una pista de su papá y fue a buscarlo. Mi hijo trabajaba en un puesto de comida rápida en Adícora y apenas ganaba 10 dólares diarios, que no le alcanzaban para nada, pero él sabía que tomar ese viaje no era beneficioso. Él vio todo lo que habíamos investigado por el caso de su papá, además a Chiche no le gusta la playa».

Adícora es un destino turístico por excelencia, pero no hay trabajos para todos los que viven en el pueblo y sus alrededores.

Un epílogo doloroso

El 3 de febrero de 2024, a casi dos meses de haber desaparecido, “La Rogui”  fue localizada al norte de la isla de San Andrés (Colombia), con un cuerpo atado a la lancha, sin signos de violencia y con los documentos en un recipiente plástico. También estaban los nueve salvavidas. 

Las autoridades colombianas rescataron el cadáver y llamaron a familiares de varios países que habían desaparecido en esta zona para que se hicieran el reconocimiento y las pruebas de ADN. Luego de cinco meses, confirmaron que se trataba de Jairo Nicolás Velasco Galicia, de 47 años, uno de los desaparecidos de “La Rogui”.

«La Rogui» fue localizada en Colombia con un cuerpo y sus documentos. Del resto no hubo rastro.

Como Elisa, la mayoría de los familiares de las víctimas de los viajes clandestinos consideran que fue la difícil situación económica en Falcón la que los empujó a buscar nuevas oportunidades en las «islas de la prosperidad». Han aprendido, de la manera más dura, lo que le pasa a los que no consiguen el objetivo de llegar.

Los que llegan, en medio de la precariedad, la explotación y la falta de papeles, no son mucho más afortunados, pero al menos la cuentan, y envían algún dinero a sus familias. Y por eso, los zarpes, cada vez más riesgosos y perseguidos, continúan.