«Búscate otro pasajero y te bajo el precio… o te buscas cuatro y te llevo gratis». Este mensaje es repetido por los organizadores de los viajes clandestinos a Aruba y Curazao, en su afán de conseguir más clientes para su negocio.
Los jóvenes suelen ser los más interesados en migrar. Al no tener trabajo fijo, ingresos que les permitan mejorar su calidad de vida, y ver cómo sus hogares se sumergen cada día en más necesidades, optan por buscar la manera de llegar a las «islas de la prosperidad», las cuales ven a lo lejos, desde sus pueblos costeros, y hasta pueden oír sus emisoras en idiomas exóticos.

Henry sólo buscaba estabilidad
Hacía un año que Henry Jesús Chirino Cobis, de 25, había regresado de Colombia. Vivía con su esposa en El Supí, en la península de Paraguaná. Se desempeñaba como ayudante de pescador y en ocasiones como obrero, pero no tenía trabajo fijo.
Cuando se fue en la lancha «La Encontrada» el 17 de marzo de 2020, tenía una bebé recién nacida, lo que aumentaba los gastos de la familia, que moraba bajo el techo de sus suegros. Por eso se marchó con la esperanza de mejorar su calidad de vida.

Ahora, es uno de los 16 desaparecidos de esa embarcación.
«Él me dijo que se iba para Aruba, que sabía de un amigo de la infancia que se había ido antes y ya tenía su casa y su carro. Henry solo quería estabilidad para los tres. Nosotros no sabíamos del riesgo que corría, porque parece cerca, parece que la isla está ahí, pero no sabíamos a lo que nos enfrentábamos en el mar. Aunque le ofrecieron buscar a otros para bajar el precio, conseguimos que un tío mío me prestara los 500 dólares para que se fuera, con la promesa de que al estar en la isla pagaría la deuda». -Damarys Arías, esposa de Henry.

Viajes clandestinos y piramidales
El viaje se planificó en una semana. Henry fue captado por uno de los presuntos organizadores, vecino de El Supí, la misma comunidad donde vive su familia.
Luego de la desaparición de la embarcación, Damarys se enteró de que el viaje lo habían organizado desde hacía mucho tiempo, pero decían que los motores tenían fallas o que faltaban pasajeros, lo que hacía que los que habían pagado también se pusieran a captar migrantes, para lograr por fin embarcarse.
Henry se devolvió tres veces a El Supí, por las mismas razones, hasta el 17 de marzo, cuando le informaron por mensaje de texto que ya iban a salir de la orilla de Tiraya y que debía llegar lo antes posible.
«Ese hombre salió rápido, nos despedimos, fue el último día que lo vi. Quedó en avisarme cuando salieran, pero su mensaje nunca llegó», recuerda Damarys.
Desde entonces, Damarys mantiene una lucha constante de búsqueda y aunque ha recibido amenazas para que «deje las cosas así», no se cansa.
«A ellos les eliminaron el Whatsapp a los meses, los mensajes de que salieron nunca le llegaron a ninguna de las familias, son muchas cosas que nos llevan a pensar que nuestros familiares nunca zarparon, sino que los sacaron a otro estado por tierra y están con vida en otro lado, en contra de su voluntad”.
Una práctica cada vez más riesgosa y costosa
Los viajes clandestinos desde el estado Falcón -que cuenta con 685 kilómetros de costas- son recurrentes.
Aunque no hay un registro oficial, las familias de los desaparecidos estiman que sale al menos uno al mes. Los precios de los pasajes varían, con los años han ido en aumento y a quienes les ofrecen viajar solos o resguardados les sube mucho la tarifa.
Por ejemplo, la madre de Jeremy Enmanuel Ernesto Espinosa Petit, de tan solo 18 años, pagó 600 dólares a sus vecinos en La Vela de Coro para que llevaran a su hijo, al que no había visto en siete años.

La embarcación «Piska Freskú Curacao» salió hacia Curazao el 2 de marzo de 2024 desde San José de la Costa, con 24 personas a bordo.
Dos días después del zarpe, la Guardia Costera del Caribe Neerlandés rescató a diez personas en la lancha semihundida en aguas curazoleñas.
Entre ellos no estaba Jeremy, pero sí los dos vecinos, hermanos, que tenían el compromiso de «entregarlo» en Curazao.

Morir de insolación y deshidratación
De los 10 viajeros rescatados, falleció al poco tiempo María Guadalupe Jimenez Navarro, de 29 años, a causa de la insolación y deshidratación.
En el grupo también estaba su hermano, que fue detenido junto a otro viajero por las autoridades de la isla y presentado por el delito de tráfico de personas.
El cuerpo de María Guadalupe fue repatriado el 4 de abril en el barco «El Águila», que forma parte del mercado flotante en la isla.

La embarcación salió el miércoles 2, vacía, desde el Puerto de La Vela, sólo para hacer el traslado del cuerpo.
La familia de María Guadalupe hizo una campaña para poder reunir el dinero y repatriar el cuerpo de la joven madre, cuyos dos hijos quedaron en la orfandad.
Ella provenía de un hogar de pescadores y buscaba llegar a la isla, en la que ya están otros de sus parientes, para poder darle mejor calidad de vida a sus pequeños, que quedaron bajo la custodia de su abuela materna.
La joven soñaba con tener su casa propia y apoyar a su familia, que vive en el sector Caja de Agua de La Vela.

Una conexión histórica truncada por la política
La Vela es un pueblo que ha tenido conexión histórica con la isla de Curazao, principalmente gracias al comercio flotante de barquitos que llevan frutas, hortalizas y pescado.
Muchos veleños se han quedado en la isla para trabajar y hacer progresar a sus familias. Este es el caso de la madre de Jeremy, que llevaba siete años sin verlo.

El joven, al graduarse de bachiller y no ver futuro en Venezuela, le suplicó que le pagara el viaje.
La desorganización que caracterizó este periplo es similar al de otros viajes en los que también hubo desaparecidos.
Jeremy pasó varias semanas en San José de la Costa, en una casa, esperando un zarpe que no se terminaba de concretar por falta de pasajeros, y también por supuestas fallas en los motores de la lancha.

Su familia nunca supo en qué casa estaba, porque entre las condiciones de los organizadores está que no pueden llegar al pueblo acompañados.
Los dejan en la entrada y ahí los recoge un motorizado que les guía hasta la zona donde estarán hasta la salida del viaje.
Bahía de piratas
En San José de la Costa, pueblo pesquero del municipio Píritu, hay registro de al menos tres embarcaciones que han salido del lugar y han zozobrado o se han perdido con los migrantes.
A San José de la Costa sólo entra la gente de ese pueblo y los viajeros que son guiados por los lugareños. No hay carreteras de asfalto y la señal telefónica es casi nula. Viven aislados.
Según los reportes de los organismos de seguridad en el estado Falcón, este municipio es usado para la movilización de drogas por el eje costero y allí operan bandas dedicadas al narcotráfico provenientes de Colombia que son denominadas «Grupos Tancol» (Terroristas Armados Narcotraficantes de Colombia).

Los organizadores también tienen depredadores
Un venezolano detenido en la isla de Curazao, que habló en condición de anonimato para este reportaje, cuenta que efectivamente los viajes se organizan con al menos un mes de anticipación, porque es difícil captar a las personas y que ellas no filtren información a otros.
«Cuando dan detalles a otras personas de dónde y cuándo vamos a salir, se daña el viaje y no es por nosotros, sino porque se entera el Gobierno y nos cae para quitarnos lo que tengamos. De la misma forma se enteran los piratas de que vamos a cruzar cierto día y también nos roban, y hablo de que se llevan todo».
La fuente destaca que las salidas son cambiantes y que mientras más migrantes lleven, más dinero pueden hacer.
Además, cargan con otras cosas que les piden en las islas, desde mecates hasta animales exóticos y municiones
«Esas cosas no son de uno, solo hacemos el traslado. No vemos lo que se lleva, sino que llega empacado al momento del zarpe. La gente nos ve feo y nos señala, pero nosotros solo cobramos por el traslado, lo que pasa en el camino ya no es responsabilidad nuestra», cuenta el hombre, que está condenado por tráfico de drogas luego de ser interceptado en una embarcación con inmigrantes indocumentados, estupefacientes, armas y animales en peligro de extinción.

Por la verdad
Debido a la desaparición de al menos 70 personas, las mismas familias han asumido la tarea de investigar qué ha pasado con sus seres queridos.
Así nació la Organización No Gubernamental Mayday Confavidt (Comité Nacional de Familias Víctimas de las Desapariciones y Trata en las costas de Venezuela), que ha indagado sobre los distintos zarpes con desaparecidos.
La ONG concluye que la mayoría de los viajes tienen el mismo modus operandi. Cuando una persona quiere viajar a Aruba, Bonaire o Curazao de manera ilegal, pero no tiene dinero para hacer el viaje, el lanchero o capitán de la lancha le hace una propuesta: «Consigue a cuatro, cinco o seis más y yo te llevo; es más, te puedo dar hasta 50 dólares por cada persona que me traigas».
De esa forma, quien no tiene dinero se convierte en un cómplice para buscar a otros viajeros. Según familiares de las víctimas, en 2018 se pagaban 200 dólares. En 2019 eran 300, en 2020 entre 400 y 500, en 2023 entre 300 y 400 y en 2024 hay registros de 600 dólares.
Incluso, se conoce de personas que para viajar solas han cancelado hasta 2.000 dólares, como en el caso de la tachirense Leidy Johana Salazar de Moreno, quien viajó en 2023 a la península de Paraguaná para ingresar en lancha a Aruba. Aunque era la única pasajera, también está desaparecida.
Se paga en efectivo o en especie
El precio varía según el captador y la diferencia en un mismo viaje puede ser de 200 y hasta 300 dólares.
El dinero no siempre lo entregan en efectivo, pueden dar objetos de valor como parte de pago, en algunos casos, carros, motos y hasta documentos de viviendas.
La ONG tiene registros de personas que pagaron con bienes, por lo que concluyen que el zarpe de la lancha de nombre «Sin Límite» no daría ganancia a los organizadores.
«Ese viaje no era rentable, no debió darse, ese viaje tenía otra cosa de valor que ganar, es casi seguro de que vendieron a los pasajeros, tráfico, trata, es la conclusión a la que nosotros llegamos. Si a eso le sumas que no todos pagaron en efectivo, muchos pagaron con chivos, con cauchos, equipos de sonido, motos, carros, o sea, ahí lo que había era pérdidas y sin embargo, el viaje se dio. Tiene que ser que había otra ganancia», reflexiona Jhonny Romero, director de Mayday Confavidt, refiriéndose al viaje de 2019 donde viajaba su hijo con 32 personas más y que también salió de San José de la Costa.

El precio creciente de los viajes clandestinos a Aruba y Curazao muestra que, además del endurecimiento de los controles migratorios para los venezolanos, la demanda por estos viajes, motivada por la falta de empleo y oportunidades, especialmente en la región centrooccidental, sigue allí. Y la mezcla de controles más duros con demanda de los viajes sólo puede terminar en nuevas tragedias esperando en el porvenir, como las que enlutan a centenares de familias falconianas por los naufragios ya registrados.