Familiares no cesan en la búsqueda de los balseros falconianos desaparecidos 

El 9 y 10 de diciembre de 2023 marcaron las vidas de decenas de familias de los pueblos de la península de Paraguaná, en el occidente de Venezuela. El mar que los separa de Aruba guarda los secretos de lo que pasó con dos embarcaciones que salieron cargadas de jóvenes inmigrantes para ingresar de forma irregular a la isla en busca de calidad de vida. Los balseros falconianos intentaban cumplir sus sueños y ayudar a los que se quedaban en su comunidad, asolada por fallas constantes de los servicios públicos y escasez absoluta de empleos bien remunerados.

Faltaba poco para Navidad, época en la que los falconianos acostumbran a preparar las hallacas, comprar los regalos para los niños y los estrenos para las fechas festivas. 

También era un año que terminaba en lo mismo: trabajar para medio comer, sin poder comprar nada más que lo básico para paliar el hambre; quizás unos kilos de pescado fresco de la orilla de playa, alguna harina y unas verduras, pero no podían darse el lujo de reunir para comprar una moto y dejar de caminar por la falta de transporte, o adquirir una antena para tener internet en un pueblo como Las Cumaraguas, donde los apagones se extienden por días. Casi imposible mejorar el cuarto que tenían en la casa de sus padres y comprar una cama con un buen colchón.

Los jóvenes no ven futuro en su propia tierra, no hay empleo ni condiciones para mejorar su calidad de vida.

Las ganas de surgir, progresar y buscar un mejor futuro a corto plazo movilizaron a dos grupos de jóvenes a subirse a otras tantas embarcaciones que salieron desde el municipio Falcón.

La primera, llamada «La Rogui«, zarpó el 9 con nueve hombres desde Buchuaco, y la segunda, de la que se desconoce el nombre y llevaba 13 tripulantes, salió de Tumatey al día siguiente. 

La Rogui llevaba nueve hombres, todos trabajadores y con oficios productivos, pero no conseguían trabajo.

Balseros falconianos, de la expectativa al horror

El 11 de diciembre -a uno y dos días e los zarpes, respectivamente-, las familias de los balseros falconianos comenzaron a coordinarse para buscarlos, porque por paisanos en Aruba se supo que las autoridades habían hallado varios cuerpos a orillas de la playa en la «isla feliz». 

«Corríamos de una casa a otra, las madres gritaban de desesperación en el medio del pueblo, porque no había luz, no había señal de teléfono para comunicarse, no sabíamos nada. Era una incertidumbre que nada más nos hacía pensar en nuestros hijos, en lo que les costó salir del país y que buscaban un bienestar, pero el destino nos estaba jugando en contra». -Yajaira Pérez, madre de Alexandra Patricia Lugo Pérez, migrante de la embarcación del 10.

Alexandra dejó una niña al cuido de su madre para tomar el viaje y buscar prosperidad para su humilde familia en Las Cumaraguas.

Alexandra Patricia, de tan solo 19 años, fue hallada muerta entre las rocas de la orilla de la isla. Junto a ella estaba su prima María Virginia Martínez Lugo, de 24 años; y en el mar rescataron el cuerpo de José Lugo, otro primo, de 20 años. 

Los tres primos crecieron juntos en el mismo pueblo, y habían decidido marcharse a Aruba para buscar trabajo. Cada quien tenía un familiar que lo esperaba. Alexandra guardaba la ilusión de encontrarse con su marido, el padre de su hija.

Un pendón para recordar a Alexandra

Al entrar en la modesta casa donde vivía Alexandra Patricia con su mamá, hermanos y su pequeña hija, al visitante lo recibe un pendón de las mismas dimensiones de la puerta, con una foto de la joven: feliz y maquillada como aprendió a hacerlo con videos de Youtube.

Delante del afiche, una mesa adornada con flores, peluches y cartas que rodean las cenizas de Alexandra, depositadas en una caja de madera. Su madre ha querido conservarla en el hogar. Es lo que le queda, porque no se pudo despedir cuando Alexandra se fue a escondidas, sin notificarle; cuando supo otra vez de ella fue cuando le avisaron que su cuerpo ra uno de los tres que se habían encontrado en Aruba. 

Alexandra está presente en todo momento. Sus cenizas reposan en la sala de la casa.

«Un mes antes, yo me enteré de que ella tenía intenciones de irse y le dije que estaba loca, que eso era muy peligroso. Un domingo en la mañana me dice que ‘ya viene’ y no regresó. Consiguió una cola y se fue. Si yo hubiese sabido que mi hija se iba ir en lancha, no la dejo. Lo que más me duele es que mi hija tocó tierra porque a ellas las consiguieron lejos de la orilla, sobre las piedras, y no hallaron más nada. No hubo pedazos de la lancha, pertenencias, nada. Todos los demás entraron, menos ellos tres».

Una ONG, la única ayuda

Yajaira no consiguió ayuda del Gobierno venezolano para repatriar el cuerpo de Alexandra Patricia. Sólo una ONG de la isla la auxilió para lograr cremar el cuerpo y traer esas cenizas que hoy reposan en la que fue su casa.

«Ella solo quería comprar una casa, vivir con su esposo y su niña. Su sueño era tener un hogar propio, amaba el maquillaje y lo aprendió viendo videos porque aquí no hay ninguna posibilidad para que los jóvenes desarrollen sus habilidades. Ella quería irse a trabajar, pero no tenía pasaporte, no tenía posibilidad de obtener una visa, y por eso digo que se fue y a mis espaldas, porque sabía que yo no estaba de acuerdo».

Una ONG tramitó todo el papeleo en la isla y a su mamá le enviaron las cenizas con un documento que no dice su causa de muerte.

Dos venezolanos sentenciados en Aruba

Por este caso, en el que murieron los tres primos y se desconoce el número oficial de personas que entraron a la isla, el Gobierno de Aruba detuvo a dos hombres, que, en enero de este año, fueron sentenciados como miembros de la organización del viaje de estos balseros falconianos.

Son también de Las Cumaraguas, y se les conoce como «Yito» (capitán de la embarcación) y «Cunino» (parte de los organizadores del viaje). Pagarán seis y siete años de prisión, respctivamente, por los delitos de trata de personas y porque, de alguna u otra forma, hicieron una contribución significativa al tráfico con dinero y ofrecieron consejos sobre qué tipo de embarcación usar para el traslado.

También buscan a otras personas que están involucradas en este hecho.

La necropsia de Alexandra Patricia que le llegó a Yajaira Pérez no indica la causa de su muerte. Aunque vio fotos del cuerpo, bastante golpeado, no pudo revisarlo o tocarlo. 

Ahora vive con el recuerdo (y los restos) de Alexandra en la sala de su casa. No hay un día que no se siente a contemplar la hermosura de su hija, las ganas de salir adelante y de vencer el miedo al mar que tuvo desde pequeña. Sólo le queda su nieta, que es el vivo amor de su hija. 

Gustavo David quería reencontrarse con su padre

Los Pérez viven a pocas casas de los Lugo Rojas, que aún, como Yajaira y su familia, lloran la desaparición de Gustavo David, un joven de 20 años que salió, junto con otros balseros falconianos, en la embarcación «La Rogui». 

Antes de emprender viaje a Aruba, Gustavo David lo intentó durante siete meses en Colombia, adonde emigró junto a una de sus tres hermanas. Sin embargo, retornó a su hogar porque no le fue bien.

Gustavo David es el único hijo varón.

En el pueblo volvió a encontrarse con sus amigos de la infancia, quienes también querían irse a la isla.

Intentó trabajar en la producción de sal que se da en las salinas más grandes de Falcón y que se ubican a pocos metros de su casa, pero «ganaba» menos de cinco dólares diarios. 

Afortunadamente, en su casa no faltaba la comida porque su padre, quien ya llevaba un año viviendo en Aruba, enviaba el dinero para ello; pero Gustavo David quería construir su propia vida, y le pidió a su padre que buscara un viaje para él, pues quería irse a trabajar en la isla para ganar mejor y estar más cómodo. Su papá le tomó la palabra; y así fue como Gustavo David se subió a «La Rogui», junto con otros balseros falconianos. 

Marilyn Rojas no puede hablar de su hijo sin llorar. Ella solo quiere encontrarlo.

Cambiar un peligro por otro peor

Gustavo David, además, había sido detenido al ser confundido con otro muchacho que había golpeado a un policía en una fiesta, días antes de que él llegara a Venezuela.

«Por esa confusión yo dejé que mi hijo se fuera, había sido amenazado y me daba miedo que me lo fueran a malograr. Es mi único hijo, el menor de todos, el consentido. Yo sólo le decía a mi esposo que si estaba seguro, que habían pasado muchas cosas en esas lanchas y que tenía miedo de que a mi hijo le pasara algo». -Marilyn Rojas, madre de Gustavo David.

Al momento de la salida de la lancha, Gustavo David no se comunicó con su madre, porque no tenía celular; pero el papá estuvo en contacto con los organizadores, a los que pagó 500 dólares para que le llevaran a su hijo. 

La embarcación nunca llegó. Llamaban al número del capitán de la lancha y aunque repicaba, nadie contestaba. No hubo rastros de la embarcación ni de los viajeros. Las familias de los nueve desaparecidos se reunieron y buscaron por mar y tierra durante varias semanas.

La familia de Gustavo David no deja de buscarlo y exigir justicia.

Salieron muchos audios que eran compartidos a través de Whatsapp, incluso uno con la voz de un arubeño que decía: «ellos ya entraron, van a cargar gasolina y vuelven a salir».

Las familias han recabado elementos y los han presentado ante la Fiscalía XIII en Venezuela, pero nadie ha resultado detenido.

«El Viejo» traiciona dos veces

Los familiares se han vuelto investigadores, cada uno, desde sus propios medios y con ayuda de los parientes que están en las islas.

«Fueron muchas versiones, pero todo es un misterio. Yo estoy creyendo que solo iban los tripulantes. De todo esto me entero poco a poco y es lo que me ha llevado a pensar que mi hijo está secuestrado», indica Marilyn, confiada en que su hijo sigue con vida.

El organizador del viaje, conocido como «el Viejo» y habitante de Tiraya, iba, en principio, a ser el el capitán de la lancha, pero después resolvió delegarle esa tarea a su hijo. 

Semanas después de la desaparición de la lancha, «el Viejo» le pidió a las familias dinero para ir a Colombia porque había recibido información de que los desaparecidos habían sido captados por grupos armados.

Los familiares reunieron unos 800 dólares que le entregaron y aunque le pidieron ir con otra persona, «el Viejo» se fue sin avisar.

«Caminé Riohacha más que Maracaibo»

En enero de 2023, las autoridades de Colombia localizaron «La Rogui» en la isla San Andrés. Dentro de ella estaba un cuerpo atado a la embarcación en avanzado estado de descomposición, los documentos regados en la lancha y unos bidones de gasolina.

Hicieron pruebas a más de 70 personas que tienen familiares desaparecidos y resultó ser Jairo Nicolás Velasco García, pero no había rastro de los otros ocho tripulantes. 

Esto movió a Marilyn Rojas al vecino país en busca de respuestas, porque, además, la contactaron varias personas diciendole que habían visto a su hijo en estado de indigencia.

«Yo recorrí Riohacha más de lo que alguna vez caminé Maracaibo, que es de donde soy. Todos los días pegaba papeletas en los postes, caminaba y le preguntaba a la gente si lo habían visto. Mostré su foto y me sentaba en una plaza a esperar alguna señal. Con todo lo que investigué, confirmé que mi hijo estuvo ahí, pero desorientado, deprimido y solo. La gente lo reconoció porque es alto, rubio. Le daban comida, pero no decía una sola palabra».

Con el movimiento que hizo en esa zona, logró que las autoridades locales la contactaran y le mostraron infinidades de carpetas con casos de personas desaparecidas en las mismas condiciones. Se unió a fundaciones que usan distintos organismos para buscar a los desaparecidos, pero hasta ahora no ha tenido más información.

La familia de Gustavo David se une a todas las actividades que ayuden a dar con su paradero.

La madre de Gustavo David agradece al gobierno de Colombia porque han dado información a las familias de los desaparecidos y mantienen activa la investigación. En el caso de Venezuela ya han hecho cambios de al menos cinco fiscales y no se han tenido resultados.

«Yo sueño con mi hijo, lo veo triste cuando siento que me he quedado tranquila, pero sé que él sabe que no lo he dejado de buscar».

Sobrevivientes «afortunados»

A una media hora de Las Cumaraguas está el pueblo de Tiraya, de donde salió la lancha «La Encontrada» con destino a Aruba, con 17 migrantes falconianos, el 17 de marzo de 2020. Todos están desaparecidos.

En cinco años, las familias han hallado supuestas evidencias de que sus parientes nunca salieron de Venezuela. Cuando los organizadores del viaje dijeron que la lancha se había hundido y solo habían logrado sobrevivir dos de ellos (y ningún viajero), las familias conocieron personas en Puerto Escondido que vieron a los dos sobrevivientes salir del agua con un bolso donde llevaban celulares y cargadores. Según esta versión, esos «sobrevivientes» fueron rescatados en minutos por una camioneta.

El corazón de Carmen Sánchez ya no es el mismo desde que su hijo Ender Enmanuel Manzano Sánchez, de 22 años, decidió regresar a Aruba en «La Encontrada».

Los desaparecidos en el caso Tiraya no han sido olvidados.

Había sido deportado semanas antes; la primera vez se fue en avión y decidió quedarse. Cuando lo deportaron se encontraba tramitando la documentación para tener una visa de trabajo. Le faltaba menos de una semana para tener su cita en Migración.

Carmen no puede hablar de su hijo sin llorar. No sabe nada de investigaciones penales, pero le ha tocado estudiar el papel de las fiscalías, el funcionamiento de los jueces y hasta a las personas que viajaban con su hijo porque lo único que anhela es volverlo a ver.

Una confesión escandalosa

Cuando Ender Enmanuel desapareció, su madre fue una de las que lideró la búsqueda y encaró al padre del organizador del viaje, que había logrado sobrevivir.

«Ese señor me dijo en su casa: Mire señora, yo me enteré que mi hijo se había ido por toda esta noticia. Ya es la tercera vez que lo hace y siempre pasa lo mismo, los demás se pierden y él es el que se salva», expone Carmen, quien, en ese momento, no tenía la experiencia para entender la gravedad de lo que ese hombre confesaba. 

El joven fue detenido por las autoridades venezolanas, pero fue dejado en libertad al poco tiempo, por haberse comprobado que era uno de los viajeros. 

Varias veces se había suspendido el viaje; los organizadores argumentaban que era por falta de pasajeros. A los viajeros los internaban en las zonas costeras de Paraguaná, en viviendas donde no llegaba señal para comunicarse. Les daban comida y alojamiento. 

Un día antes del zarpe, Ender Enmanuel había regresado a su casa en Coro, comió, se bañó y descansó. Carmen no descarta que haya visto algo extraño, pues su hijo llegó muy callado y preocupado, a diferencia de días anteriores en que se mostraba emocionado por volver a la isla donde lo estaban esperando en su trabajo.

Un patrón común

Sin noticias oficiales, corrían los rumores. Unos aseguraban que los viajeros habían sido rescatados, otros afirmaban que nunca salieron de Venezuela y otros los daban por desaparecidos. 

«Si buscamos cada caso de los desaparecidos, se van a dar cuenta de que es el mismo círculo vicioso. Nadie puede ir a donde va a salir la lancha. Nadie ve ni conoce a los organizadores. Nadie sabe quienes viajan y cuántos son. Luego, cuando se desaparecen, salen miles de audios de personas diferentes que no se identifican y los únicos que se salvan son los organizadores o sus amigos. Los demás se hunden en un mar que no bota ni un zapato»- -Carmen Sánchez.

Casi cuatro meses después de la desaparición de la lancha, el 16 de julio, los familiares se percataron de que estaban eliminando las cuentas de Whatsapp de cada uno de los que llevaban celulares en el viaje. Todo ocurrió de manera simultánea. También aparecían conectados en las redes sociales y aunque sus familias les escribían, nunca había una respuesta.

¿Cautivos en las minas?

El 24 de septiembre de 2021, salió en los medios de comunicación la noticia del rescate de más de 680 personas que estaban secuestradas por bandas organizadas que operaban en las minas del estado Bolívar. 

«En esas fotos estaba mi esposo, lo pude identificar sin dudarlo. Tenía la misma ropa con la que se fue y estaba sentado como él lo hace. Era mi esposo, son más de 30 años de matrimonio», exclama Elisa Vargas, esposa de Juan José Hurtado Colina, un pescador del pueblo de El Hato que iba en «La Encontrada».

Para Elisa Vargas sería imposible no reconocer a su esposo en una foto.

Con esa noticia, el grupo principalmente de mujeres que buscan a sus seres queridos, decidieron ir a las minas del estado Bolívar, al sur del país, a buscar respuestas. Sentían miedo de lo que podría pasar, pero el reto era lograr tener información de sus parientes. 

Pidieron dinero, vendieron rifas y tortas e hicieron colectas para poder cubrir el largo trayecto. Cuatro mujeres se trasladaron en autobús hacía el estado Bolívar. Con Google Maps y preguntando en la calle llegaron hasta los organismos de seguridad de la zona, los cuales les confirmaron el procedimiento donde hubo cinco detenidos, pero sus hijos no estaban.

«Caminamos por esa carretera de tierra roja. Luego de varias horas, conseguimos una casita y nos informaron que hubo una plomazón (muchos disparos). Nos alertaron que no siguiéramos, pero decidimos continuar hasta que vimos unos motorizados armados. Ellos reconocieron a tres de nuestros hijos. Decían que sí habían estado allí, incluso una mujer reconoció a mi hijo, dijo que era alto y buen mozo cuando solo mostré una foto de medio cuerpo, pero tampoco saben para dónde fueron. Yo sentía que mi hijo me estaba viendo, sentía que mi hijo estaba ahí».

Cinco detenidos y cinco prófugos con alerta de Interpol

El primero de enero de 2022, Carmen recibió una llamada con el código de Bolívar y le dijeron: «Mira, ya mi sobrino va para allá a ver el carro». Carmen respondió que no estaba vendiendo ningún carro y le colgaron. Desde entonces no ha tenido más señales. 

Por este caso, hallaron en aguas colombianas el cuerpo de Eduardo Córdoba, 11 días después del zarpe. Las autoridades colombianas lo entregaron a sus familiares y lo repatriaron un año después. 

El caso Tiraya sigue vivo por sus familiares que no han dejado de buscarlos y exigir justicia.

Las actuaciones legales han dejado un saldo de ocho detenidos, dos de ellos dejados en libertad por ser presuntamente pasajeros.

Otro que para el momento del zarpe era funcionario activo del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas y estaba de reposo por un accidente automovilístico, recibió una medida sustitutiva de libertad. 

Cuatro están en la Comunidad Penitenciaria de Coro esperando la conclusión del juicio, por el que han pasado nueve fiscales y dos jueces. También hay cinco prófugos con alerta roja de Interpol.